Área quemada por el incendio Woolsey


Intensidad de lluvia necesaria para generar un deslave de escombros

El 8 de noviembre de 2018, el incendio Hill comenzó al sur del Valle de Santa Rosa y rápidamente arrasó 4.531 hectáreas. Aproximadamente 20 minutos después, el incendio Woolsey se encendió cerca del laboratorio de campo de Santa Susana, y en cuestión de días, se quemó 96.949 hectáreas. Ambos incendios provocaron la destrucción de plantas y árboles que juegan un papel clave para estabilizar el suelo y absorber las lluvias en las colinas cercanas. Muchas de las zonas afectadas son bien conocidos por su capacidad de producir deslaves de roca y escombros, especialmente en condiciones posteriores a un incendio. Estos flujos de roca y escombros se forman rápidamente durante lluvias de alta intensidad y a menudo amenazan la vida y la propiedad. Además de zonas históricamente propensas a inundaciones, pueden desarrollarse nuevas áreas que no han sido propensas a inundaciones, debido a los flujos mayores a lo usual en arroyos y riachuelos cercanos.

Los umbrales para generar un deslave de escombros para la zona quemada por el incendio Woolsey han sido fijados de acuerdo con los valores del primer año post-incendio por la el Departamento de topografía geológica de Estados Unidos. Los umbrales son los siguientes:

0.50″ de precipitación por hora

  • Intensidad suficiente para producir inundaciones y deslaves de escombros
  • Pueden emitirse órdenes de evacuación voluntaria
  • Pueden restringirse o cerrarse carreteras
  • Los residentes con necesidades funcionales y de acceso deben evacuar temprano

1″ o más de precipitación por hora

  • Una intensidad sostenida causará inundaciones y deslaves de escombros que puedan ocasionar lesiones o la muerte
  • Pueden emitirse órdenes de evacuación voluntaria
  • Las carreteras se verán afectadas y pueden ser peligrosos
  • Acate las acciones recomendadas por las autoridades

La recuperación de la cuenca toma tiempo

Tras un incendio importante, los daños a la cuenca local incluyen la destrucción de la vegetación y estructuras de raíces vitales y responsables de absorber agua durante un evento de lluvia. Estos materiales vegetales se queman y se filtran en la capa superior del suelo formando una capa impermeable de sucio también conocida como una capa hidrófoba. Esta capa de suelo evita que la precipitación penetre fácilmente en la tierra, particularmente durante eventos de alta intensidad. La ceniza y material quemado restantes son barridos por el agua de lluvia y llevados a arroyos, quebradas y drenajes cercanos.

En promedio, tarda entre 3-5 años para que la vegetación vuelva a establecerse hasta un punto donde la absorción de agua y la estabilización de suelo vuelven a la condición previa al incendio. Las propiedades cercanas siguen estando en mayor riesgo de inundaciones y deslaves de escombros por 1-3 años después de un incendio.